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ADULTO MAYOR: El Manual del Cuidador

 

Tercera Parte

 

¿Quién es el cuidador?

Al lado de cada persona dependiente que necesita cuidados y atenciones encontramos a un cuidador, con frecuencia no profesional, que asume un rol raramente deseado y que acostumbra a

ser un familiar cercano de la persona afectada.

Disminuidos psíquicos, físicos, población infantil con limitaciones que necesitan atenciones especializadas, personas con problemas sensoriales (como la ceguera, la sordera, etc.), gente mayor con deterioros cognitivos, físicos, demencia, etc.

La lista de personas susceptibles de tener que ser atendidas por sus familiares ante situaciones de

dependencia es lamentablemente bastante larga.

En la sociedad actual sigue perdurando la creencia de que la mujer es mejor cuidadora que el hombre, algo provocado seguramente por un hecho cultural o de educación.

A lo largo de nuestra vida, asumimos en distintos momentos tanto el papel de cuidador como el de persona cuidada, pero en determinadas ocasiones, como las anteriormente mencionadas, la atribución del rol de cuidador difícilmente es un hecho voluntario.

El cuidador informal es esa persona que atiende a una persona dependiente en su vida diaria. Las características y el grado de dependencia de la persona afectada condicionarán y delimitarán los distintos tipos de ayudas que precisa: ayudas en la vida diaria, ayudas instrumentales y/o ayudas de acompañamiento.

 

Cambios en la vida del cuidador

Como ya avanzábamos en el apartado 1.2. sobre la situación de cuidar propiamente dicha, cada experiencia de cuidar es única respecto cualquier otra. Las características no sólo de la persona afectada, sino también del cuidador, hacen que cada relación de ayuda sea completamente diferente.

La vida de la persona que asume el rol de cuidador se ve afectada en varios niveles. A menudo experimentamos cambios en las relaciones familiares, en el ámbito laboral, en la situación económica, en el tiempo libre, cambios en la salud y en el estado de ánimo como consecuencia de tener que cuidar a un familiar dependiente.

En el ámbito familiar, pese a que pueden aparecer desavenencias en cuanto a las atenciones que necesita la persona dependiente, la mayor parte de conflictos proceden a menudo del cambio de rol que cada miembro había asumido anteriormente.

De manera colateral, la tarea de cuidar también puede implicar cambios en la relación del cuidador hacia sus hijos, pareja u otros miembros no implicados directamente en la relación de ayuda.

La situación económica puede variar tanto por el hecho de disminuir los ingresos (por tener que reducir la dedicación a la vida laboral), como por el aumento de los gastos que comporta cuidar

a un familiar dependiente.

El tiempo libre. Satisfacer las necesidades del familiar dependiente se convierte en la prioridad del cuidador, motivo por el cual a menudo pospone sus necesidades, afectando, entre otros, la organización de su tiempo libre.

La salud. Diversos estudios constatan que la salud de los cuidadores empeora.

El estado de ánimo. De igual manera, a nivel psicológico podemos observar un estado de ánimo triste, sentimientos de desesperación, indefensión y desesperanza. Son también comunes los sentimientos de enfado e irritabilidad, preocupación e incluso, ansiedad.

Esta situación acostumbra a aparecer de forma gradual y va cambiando a lo largo del tiempo. Este hecho comporta que el cuidador tenga que redirigir sus atenciones constantemente, adaptándose a la situación de la persona dependiente en cada momento.

No tenemos que olvidar que la persona dependiente también puede estar viviendo un proceso de adaptación a la situación de ser cuidada por otro. A parte de los factores que han originado su dependencia, existen numerosos aspectos psicológicos y sociales implicados en el nuevo momento vital. Es frecuente el sentimiento de inutilidad al verse dependiente, la falta de energía, el aislamiento, la disminución de las actividades y de las relaciones, etc.

 

 

El cuidador deberá detectar estos síntomas y procurar una buena adaptación, ya que todos ellos inciden en la relación de ayuda establecida.

 

La sobrecarga del cuidador

Asumir el rol de cuidador puede resultar una experiencia satisfactoria y enriquecedora, pero a menudo se convierte en una situación de soledad y cansancio, llena de vivencias emocionales difíciles de interpretar.

El cuidador deja de lado sus necesidades para poder cuidar a la persona dependiente, pero no tiene presente que su propia salud y su bienestar benefician directamente a la persona que cuida.

Un nivel de autoexigencia demasiado elevado puede propiciar la aparición de pensamientos, sentimientos o conductas que se convierten en señales de alerta de una posible situación de sobrecarga.

Detectar estos indicadores de agotamiento y estrés por parte del cuidador es el primer paso que permitirá una redefinición de su papel, orientándolo hacia una gestión de las atenciones más saludable.

 

 

Problemas físicos:

 Pérdida de energía, fatiga crónica, cansancio, etc.

 Problemas físicos: palpitaciones, temblores de manos, molestias digestivas, jaqueca, etc.

 Aumento o disminución del hambre.

 Sensación de empeoramiento del estado de salud general.

 No admitir la presencia de síntomas físicos que se justifican mediante otras causas ajenas al rol de cuidador.

 

Problemas emocionales:

 Enfadarse con facilidad, aumento de la irritabilidad.

 Mal humor.

 Cambios frecuentes de humor o de estado de ánimo.

 Sentimientos de tristeza, frustración, culpa...

 Sentimientos de preocupación y ansiedad.

 Reacción de duelo.

 Dar demasiada importancia a pequeños detalles.

 Problemas de memoria y dificultades de concentración.

 No admitir la presencia de síntomas psicológicos que se justifican mediante otras causas ajenas al rol de cuidador.

 

Determinadas conductas como:

 Problemas de sueño (despertarse al amanecer, dificultades para conciliar el sueño, dormir demasiado, etc.).

 Consumo excesivo de bebidas con cafeína, alcohol o tabaco.

 Consumo excesivo de pastillas para dormir u otros medicamentos.

 Trastornos alimentarios.

 Actos rutinarios repetitivos como por ejemplo, ordenar de manera continua.

 Hiperactividad desasosegada.

 

En la interacción con los demás:

 Aislamiento.

 Tratar a personas de la familia de forma menos amable de lo habitual.

 Menor interés en actividades y personas que anteriormente eran objeto de interés.

 Sentir vergüenza por la conducta del familiar enfermo.

 Ausencia de vida social.

 La relación de ayuda afecta negativamente a la relación con otros miembros de la familia.

 Problemas en el lugar de trabajo.

Tal y como vemos, el efecto del cuidado de una persona dependiente puede ocasionar en el cuidador distintos efectos negativos que ponen en riesgo su bienestar y, en consecuencia, las atenciones que ofrece. Así pues, es preciso que aprender a cuidarse a uno mismo sea una prioridad si queremos ofrecer una atención de calidad.

 

¿Qué hacer ante la sobrecarga?

Reconocer y modificar determinadas emociones y sentimientos negativos

El estado de ánimo del cuidador determina la relación que establece con la persona dependiente. Con objeto de modificar los sentimientos que pueden resultar perjudiciales, es preciso en primer lugar identificarlos de forma clara. Así pues, el primer paso será fomentar el autoreconocimiento de las propias emociones y sentimientos que a menudo pueden ser negativos, pero no menos frecuentes.

 

 

Rabia / irritabilidad

Los cuidadores de personas dependientes experimentan con frecuencia un aumento de la irritabilidad, convirtiéndose en personas malhumoradas y enfadándose con facilidad. Esta reacción acostumbra a ser emocional, ya que pretende liberar tensiones emocionales acumuladas que vienen determinadas por el comportamiento de la persona que se cuida, por la falta de colaboración por parte de otros familiares, por la sensación de impotencia ante la situación, etc.

Lo primero que debemos tener presente es que se trata de reacciones normales en situaciones de tales características. Reconocerlas y hablar de las mismas con otros familiares y amigos nos puede servir de ayuda. No obstante, debemos tener presente que la expresión de estos sentimientos requiere buscar el momento adecuado, una vez pasado el episodio que ha desencadenado nuestro estado, intentando que la demora temporal no sea demasiado grande.

Cuando nos sentimos enfadados, debemos salir, si es posible, del lugar en que nos encontramos, tomarnos un descanso y reflexionar sobre la situación. La distancia física nos puede ayudar a

evaluar de nuevo un hecho conflictivo.

Es conveniente revisar si estamos malinterpretando las intenciones de la persona dependiente, cambiar aquello que convierte una situación en algo difícil y estresante, a la vez que asumimos lo que es invariable. Los ejercicios de relajación también pueden servirnos de ayuda para superar estas situaciones.

Tristeza

Es muy probable que la situación de cuidado de una persona dependiente a nivel físico, psicológico y/o sensorial fomente sentimientos de tristeza y depresión. La intensidad de estos sentimientos puede llegar a interferir en las atenciones que ofrece el cuidador.

Reconocer aquellas situaciones que desencadenan un incremento de la tristeza nos permitirá cambiarlas o evitarlas, o bien evaluarlas de nuevo para encontrar aspectos positivos. Aunque tenemos que aprender a tolerar este tipo de sentimientos, es positivo intentar combatirlos con sentido del humor, actividades, buscando relaciones sociales, etc.

 

Culpa

La culpa se convierte en algo negativo para quien la sufre, ya que aumenta más la carga psíquica y consume energía que podríamos dedicar a la persona dependiente.

Los sentimientos de culpa aparecen con frecuencia cuando las autoexigencias del cuidador son demasiado elevadas como para poder satisfacerlas.

No conseguir los objetivos autoimpuestos puede fomentar la aparición de culpabilidad al ver que no se realiza correctamente la tarea de cuidar. Los sentimientos negativos relacionados con hechos actuales o pasados de la persona que se cuida, dedicarse tiempo a uno mismo, responsabilizarse de la enfermedad, atribuirse todas las responsabilidades de la atención y descuidar obligaciones familiares pueden ser también otros factores desencadenantes.

Tal y como comentábamos anteriormente, el primer paso es identificar estos sentimientos, aceptarlos como normales en la situación que se está viviendo y poder expresarlos a los demás.

Es necesario analizar de nuevo la situación y valorar todo lo que se ha realizado como cuidador, dejando de lado las deficiencias y errores. Los cuidadores tienen que ser realistas respecto a sus capacidades y definir prioridades en sus acciones para no tener que establecer objetivos desmesurados.

Poner límites

Es importante poner límites en la ayuda que se ofrece a la persona dependiente, teniendo presentes nuestras propias limitaciones como cuidadores y evitando dar más ayuda de la necesaria a la persona dependiente.

El objetivo final siempre deberá ser contribuir a los sentimientos de utilidad de nuestro familiar o persona cercana mediante la participación en su propio cuidado, favoreciendo así su independencia.

Existen algunas situaciones protagonizadas por la persona dependiente que ponen de manifiesto la necesidad de poner límites:

Culpar al cuidador de su situación o de errores que éste comete de forma involuntaria.

 Hacer reproches a los cuidadores.

 Fingir síntomas para llamar la atención.

 Pedir más ayuda de lo imprescindible.

 Despertar a los cuidadores durante la noche más de lo necesario.

 Rechazar ayudas que facilitan las tareas del cuidador.

 Agresividad física hacia el cuidador, etc.

Ante estas demandas de atención desproporcionadas es importante que el cuidador sepa decir “NO”. En algunas ocasiones, hacerlo sin sentirse mal ni culpable puede resultar difícil. Por esta razón, es importante acompañar las respuestas con los motivos de nuestra negativa, evitando dar excusas.

 

Cómo podemos decir “NO ”:

 Escuchando y pidiendo que detalle la demanda, si es necesario, para poder entenderla bien.

  Con una respuesta directa explicándole la no necesidad de ayuda.

 Repitiendo la misma respuesta poniendo énfasis en nuestra amabilidad y proximidad afectiva.

 No derivando, no justificándose.

 Verbalizando sentimientos, pensamientos o comportamientos en primera persona referentes a cómo nos sentimos ante la negativa.

 Buscando alternativas.

 Finalizando efusivamente, mostrando nuestra satisfacción por la situación resuelta.

 

Pedir ayuda a los familiares

La responsabilidad de cuidar no debe recaer exclusivamente sobre una única persona, es importante compartir con otras personas la responsabilidad y tensiones que supone estar inmerso en una situación de estas características.

No obstante, muchos cuidadores no piden ayuda a sus familiares y amigos porque piensan que se trata de una responsabilidad exclusivamente suya, no quieren molestar a otras personas, piensan que será interpretado como un signo de debilidad o bien que el ofrecimiento debería de surgir de las demás personas.

Lo cierto es que algunos miembros de la familia pueden no participar en las atenciones a la persona dependiente, puesto que no ven el problema en toda su magnitud, o bien porque se sienten culpables por no colaborar y eligen evitar la situación. En estas situaciones, es recomendable hacer reuniones familiares con el objetivo de distribuir las responsabilidades.

 

¿Cómo podemos pedir ayuda a nuestros familiares?

 Si sus familiares no participan de manera voluntaria, dígales qué tipo de ayuda necesita.

 Evite formas de comunicación demasiado agresivas que puedan provocar respuestas defensivas, ni inhibidas que faciliten la negativa a su petición.

 Diga de forma clara y concreta el tipo de ayuda que necesita.

 Adáptese a la ayuda que le ofrecen, su forma de cuidar no es la única.

 Evite conflictos familiares.

 Exprese confianza y satisfacción por la ayuda que le ofrecen.

 

 

¿Cómo prevenir situaciones de sobrecarga?

3.5.1. Cuidarse más uno mismo

Garantizar una buena salud tanto física como psicológica del cuidador es garantizar una buena atención a la persona dependiente.

El cuidador no tiene que esperar a sentirse exhausto para preocuparse de su propio bienestar, sino que éste tiene que ser una prioridad, algo que le dará fuerzas para continuar y le ayudará a prevenir sentimientos de soledad y aislamiento.

 

Algunos aspectos a cuidar son:

1. Dormir. Las horas de sueño determinan nuestro estado de ánimo y salud. Con frecuencia, el cuidador tiene que atender a la persona dependiente durante la noche o bien, como consecuencia del gran número de tareas a realizar, no dispone de tiempo suficiente para dormir. La planificación de las actividades que hemos comentado anteriormente o la participación de otros familiares pueden minimizar estos efectos, e incluso permitir que el cuidador descanse algunos momentos durante el día.

 

2. Hacer ejercicio. Hacer ejercicio físico permite mejorar el sueño, fortalece el sistema cardiovascular y respiratorio, incrementa la resistencia muscular, favorece la agilidad, la flexibilidad corporal, el equilibrio y la coordinación. A nivel psicológico, también comporta beneficios ya que mejora el estado anímico, favorece la relajación y la disminución de la tensión emocional que acumula el cuidador en su día a día.

No nos referimos únicamente a practicar un deporte sistemáticamente, sino a que el hecho de andar o ir en bicicleta puede comportar beneficios importantes para la salud del cuidador.

6. Salir de casa. En numerosas ocasiones, el cuidador y la persona dependiente comparten domicilio las 24 horas del día. De esta forma, el cuidador difícilmente puede desprenderse de su rol, ni tan siquiera de manera puntual.

Es importante buscar la forma en la que la separación física entre los dos se haga efectiva, pese a que sólo sea durante breves intervalos de tiempo. Es necesario buscar alternativas viables que favorezcan salir de casa como por ejemplo, pedir la colaboración de un familiar o amigo, dirigirse a los centros de servicios sociales del barrio, asociaciones de voluntarios, solicitar servicios de ayuda a domicilio, etc. De esta forma, el cuidador conseguirá evitar la sensación desagradable de vivir atrapado en una situación.

7. Descansar. Tal y como comentábamos, es importante encontrar tiempo para dejar momentáneamente la responsabilidad de atender a la persona dependiente. No obstante, no siempre es posible abandonar el domicilio durante un breve período de tiempo. En estos casos puede ser útil practicar algunas técnicas de relajación, pensar en algo agradable o darse un capricho.

Siempre que sea posible, se recomienda pasar un rato en una habitación distinta a la que se encuentra la persona que cuidamos.

 

No descuidéis la atención del resto de la familia.

 

Planificación de actividades de atención a la persona dependiente

Nadie está preparado desde un principio para hacer frente a las responsabilidades y dificultades que comporta cuidar a una persona dependiente.

Para poder facilitar nuestra tarea de cuidador, a la vez que velamos por nuestro bienestar, es necesario diseñar un plan de acción que ayude a tener claras cuáles son las actividades que tenemos que realizar y de qué manera. Esta planificación nos evitará imprevistos y nos ayudará a disponer de tiempo para disfrutar de otras actividades gratificantes.

 

Cómo hacer un plan de actividades:

 Elabore una lista con todas las tareas que deben realizarse.

 Ordénelas de mayor a menor según el grado de importancia.

 Anote el tiempo aproximado que necesita para cada una.

 Haga otra lista con actividades que le gustaría hacer.

 Ordénelas de mayor a menor importancia.

 Anote el tiempo aproximado que necesita para cada una.

 Confeccione una única lista de tareas, priorizando e intercalando tareas.

En la elaboración del plan de acción es recomendable contar con la opinión y/o participación de nuestros familiares, algo que fomentará su implicación en la atención de la persona dependiente.

 

Formación y apoyo

Una fuente importante del estrés del cuidador procede del hecho de no saber hacer frente a las atenciones elementales que la persona dependiente necesita. Los cuidadores necesitan apoyo e información  para poder desarrollar sus actividades con el mayor éxito posible, anticiparse a los problemas y prever situaciones difíciles. Este apoyo procederá de los profesionales u otros apoyos formales, teniendo en cuenta distintos formatos, de los cuales destacamos los siguientes:

 Los programas educativos proporcionan información sobre la enfermedad y/o situación de dependencia, su evolución y las habilidades necesarias para hacer frente a determinadas situaciones.

Es importante que el cuidador sea realista acerca del posible trastorno y sus efectos, con objeto de no crear falsas expectativas. Además, deberá conocer también la situación para poder explicársela a otros familiares o amigos que participen en las atenciones o compartan espacios con la persona cuidada.

 Los grupos de ayuda mutua proporcionan a los cuidadores un espacio donde sentirse comprendidos por otras personas que están pasando por situaciones similares. Los grupos ofrecen también la posibilidad de encontrar soluciones y ayudas a partir de la experiencia de otros miembros del grupo que han vivido situaciones similares.

 

Pensar en el futuro

Cuidar a una persona dependiente es una carrera de fondo, que puede afectar muchos ámbitos de la vida durante mucho tiempo, con frecuencia no sabemos hasta cuándo. Prever problemas y situaciones futuras permite anticipar y planificar posibles soluciones.

Para hacerlo, será imprescindible, entre otros aspectos, conocer la evolución de la enfermedad, trastorno o problemática que ha originado la situación de dependencia.

Se recomienda implicar a otros miembros de la familia en un acuerdo explícito que haga referencia a futuras acciones. Familiares, amigos y profesionales pueden aportar otros puntos de vista.

Para acabar, recordemos que cuidar puede convertirse en una experiencia positiva y gratificante. No debemos olvidar que nos puede permitir descubrir capacidades, cualidades o aptitudes de nosotros mismos que hubiera sido difícil descubrir de otra forma.

Además, esta situación nos permitirá establecer una relación más próxima e íntima con la persona que cuidamos.

     

ADULTO MAYOR: EL MANUAL DEL CUIDADOR - Primera parte 

 

ADULTO MAYOR: EL MANUAL DEL CUIDADOR - Segunda parte